El vardo gitano

En este artículo: Orígenes · Los seis tipos de vardo · El vardo en España · Del caballo al motor

El vardo gitano es la primera vivienda sobre ruedas documentada de la historia…

El primer uso de un carro como vivienda (y no como transporte de mercancías) se documenta en Francia en 1810, entre compañías de circo no romaníes. Los grandes carros de transporte combinaban espacio de almacenaje y espacio habitable en un solo vehículo, y eran tirados por equipos de caballos. Wikipedia

Los Romanichal (gitanos británicos) no empezaron a vivir en vardos hasta bastante después: comenzaron a vivir en vardos alrededor de 1850. Antes de eso, viajaban en carros con toldo o a pie, y dormían debajo o dentro de esos carros, o en pequeñas tiendas. Esas tiendas eran los llamados «bender tents», hechas doblando ramas flexibles hasta formar un armazón cubierto con lona impermeable. Wikipedia

El nombre «vardo» tiene una etimología curiosa: es un término romaní que se cree originado en la palabra osetia «wærdon», que significa carro o carruaje. Wikipedia

Cada tipo de vardo gitano tenía un propósito distinto dentro de la comunidad romaní

Confirmado por varias fuentes especializadas (Wikipedia, gypsywaggons.co.uk, Amusing Planet, The Vintage News), existen efectivamente seis estilos reconocidos, aunque a veces se agrupan el Bow-top y el Open-lot como variantes de un mismo tipo abierto:

1. Burton — Es el más antiguo. El Burton es considerado el tipo de carro-vivienda más antiguo de Gran Bretaña. Sus primeros ejemplares no llevaban decoración, y sus ruedas más pequeñas dificultaban la movilidad fuera de carretera. Con el tiempo evolucionó hacia un vardo romaní elaborado, pero sus ruedas pequeñas lo hacían poco apto para terreno irregular. Era muy popular entre los showmen (feriantes y gente de circo), por lo que también se le llama «Showman’s wagon»; solía medir unos 10 pies de largo, con lados rectos y verticales y dos ventanas por costado.

2. Reading (o «kite wagon») — El más emblemático de la «época dorada» del viaje a caballo romaní. Data de 1870 y su nombre viene de su constructor original, Dunton and Sons de Reading. Se caracteriza por lados rectos que se inclinan hacia afuera en dirección al alero, ruedas altas y arqueadas, y poco peso; medía unos 10 pies de largo, con porche delante y detrás, y las ruedas traseras eran 18 pulgadas más grandes que las delanteras.

3. Ledge (o «cottage wagon») — El de techos más altos, hasta 12 pies. Su diseño característico incorpora un armazón más robusto y una zona habitable que se extiende sobre las grandes ruedas traseras del carro, con soportes de latón, techo abovedado sólido y porches en ambos extremos.

4. Brush (o «fen wagon») — Pensado para vendedores ambulantes. Tenía una media puerta trasera con postigos de cristal y un juego de escalones, y carecía de claraboya en el techo; por fuera llevaba estantes y compartimentos para transportar mercancía como cepillos, escobas, sillas de mimbre o cestas.

5. Bow-top — También llamado «barrel top». Tiene paredes bajas y un techo curvo de lona o loneta tensada sobre arcos de madera («tilts»), tradicionalmente pintado de verde con tela de color verde azulado para camuflarse con el bosque. Es lo bastante ligero para que lo tire un solo caballo y es menos propenso a volcar con viento fuerte que los diseños de lados rectos.

6. Open-lot — Variante del bow-top sin pared frontal cerrada ni puertas: el hueco queda abierto, a veces con una simple cortina para dar privacidad.

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La vertiente española: un camino distinto

A diferencia de Gran Bretaña, España no desarrolló una tradición equivalente al vardo ornamentado. La razón no es casual, sino profundamente histórica: mientras los Romanichal británicos vivían el apogeo dorado del carromato entre 1850 y 1920, en España el nomadismo gitano llevaba siglos siendo perseguido por ley.

Ya en 1499, la pragmática de Medina del Campo, firmada por los Reyes Católicos, obligó a los gitanos a abandonar la vida nómada con un plazo de solo dos meses para integrarse. A principios del siglo XVII, Felipe III fue más allá y les obligó a residir en villas de más de mil habitantes como mecanismo de control —de ahí la concentración gitana en arrabales de ciudades como Sevilla y Granada, en barrios como Triana o el Sacromonte—. Como consecuencia, la sedentarización de los gitanos españoles arrancó en el siglo XVIII y culminó a mediados del XX, mucho antes que en países vecinos como Francia, donde el abandono de la itinerancia solo se generalizó en la década de 1980.

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La cueva, el otro «hogar sobre ruedas»

En lugar de un carro pintado y tallado, buena parte del pueblo gitano andaluz desarrolló una solución habitacional completamente distinta: la cueva-vivienda. En el barrio del Sacromonte de Granada, los gitanos se instalaron desde el siglo XVI en las laderas junto a la población morisca y judía expulsada de sus hogares, excavando en la roca un tipo de vivienda fresca, económica y estable. Donde el Romanichal inglés convirtió el carromato en la máxima expresión de su identidad y estatus familiar, el gitano granadino volcó esa misma necesidad en la arquitectura trogloditica y, sobre todo, en el arte: el flamenco.

Hay una idea reveladora en la literatura académica sobre el tema: para que el flamenco fuera posible, el nomadismo tuvo que decaer y convertirse en sedentarismo. El flamenco es esencialmente sedentario, no errante — el carro, la caravana y la hoguera al raso no encajan con el sosiego desgarrado del cante jondo, que tiene calles, patios y puertas, no caminos. Es, quizás, la clave que mejor explica por qué el símbolo cultural gitano en España no fue el carromato pintado, sino el patio y la reja.

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¿Existió entonces el carromato en España?

Sí, pero con un desarrollo mucho más modesto y tardío que en Inglaterra. El propio término existe en lengua caló: verdó o vurdón, la misma raíz que el «vardo» inglés, ambos derivados del término indoeuropeo original para carro. Hacia mediados del siglo XX aún se calculaba que entre mil y mil quinientos gitanos españoles ejercían el nomadismo al viejo modo caminero, con sus carromatos de madera. La pintura costumbrista española también dejó constancia de ellos —como el óleo «Carromato de gitanos», del pintor A. Lizcano, conservado en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza— aunque sin el nivel de talla dorada, medallones y filigrana que definió al Reading o al Ledge británicos.


El legado del vardo gitano sentó las bases de lo que hoy conocemos como turismo itinerante.

Fuentes:

El vardo gitano fue el punto de partida de un modo de vida que hoy sigue reinventándose. Si aquellas familias itinerantes recorrían Europa en busca de un buen lugar donde parar, tú puedes hacer lo mismo con tu autocaravana: descubre a continuación dónde pernoctar hoy, o sigue viajando por el resto de capítulos de esta historia.

¿Te gustaría vivir hoy una experiencia similar a la de las familias que viajaban en vardo gitano? Aunque ya no hay caballos de por medio, el espíritu de la vida itinerante sigue vivo en cada autocaravana que recorre las carreteras de España.